Actualidad · 6 jun 2026, 12:49 p. m.
Sugar Ray Leonard recibe un merecido tributo del Salón de la Fama por su primera jugada magistral: el oro olímpico en Montreal 76
En la cita canadiense, el gran pugilista encabezó un equipo estadounidense que hizo historia al derrotar a las principales espadas de Cuba; a 50 años de llegar a lo más alto del...
Quíntuple excampeón mundial de boxeo, Sugar Ray Leonard ya cumplió 70 años y es una de las imágenes más puras del deporte estadounidense. Mas allá de sus confesiones íntimas, expuestas hace décadas en donde admitió que los estimulantes y la ira familiar causaron estragos en sus tiempos depresivos, nada pudo quebrar su ángel e idolatría.
Ahora, volverá a ser tan carismático y poderoso como hace cincuenta años. El International Boxing Hall of Fame (IBHOF) de Canastota, Nueva York, prepara un pomposo festejo para celebrar el 50° aniversario de la conquista de la medalla de oro olímpica en los Juegos de Montreal 1976. Aquel logro en los 63,500 kg aventuraba el surgimiento de un boxeador fenomenal. Fresco, artístico y espectacular. Y así fue. No sólo por entonces el pugilismo norteamericano sorprendía al mundo con cinco medallas doradas en aquella competencia; también, abofeteaba al equipo cubano, que representaba una gran propaganda política del primer mandatorio Fidel Castro ante el mundo.
Leonard tenía 20 años por entonces. Sus piernas se desplazaban por el cuadrilátero con la armonía de un bailarín de ballet y sus combinaciones de golpes eran maravillosas. Estéticas y dañinas a la vez. Venció con holgura, en tres rounds, a Andrés Aldama, un cubano de La Matanza que parecía invencible, y esgrimió la emoción del hombre más feliz del mundo. No lo deslumbraba ser boxeador, pero a esta altura de su vida había encontrado la llave para asegurar el futuro de su hijo Ray Jr. y su novia Juanita, componentes de su cuadro familiar en ese tiempo.
El combate por la medalla dorada
Aquellas finales disputadas el 31 de julio de 1976 en el Maurice Richard Arena, de Montreal, trazaron el hito máximo del olimpismo boxístico de Estados Unidos en las competencias modernas: Leo Randolph -recordado en nuestro país por haber sido rival del chaqueño Sergio Víctor Palma en 1980-, ganaba la máxima distinción del peso mosca ante Ramón Duvalón Carrión, un sólido cubano; Howard Davis doblegaba al rumano Simion Cutov en welter, y los hermanos Michael y Leon Spinks se consagraban ante Rufat Riskiyev, de Uzbekistán, y Sixto Soria, de Santiago de Cuba, respectivamente. Sólo el gran Teofilo Stevenson, el gigante de Las Tunas, pudo colgar de las cuerdas al campesino de Arkansas: Big John Tate.
Después, ya en el profesionalismo, llegaría todo lo demás: las peleas con Wilfredo Benitez, con Durán, con Hagler, con Hearns, el combate dramático con el canadiense Don Lalonde, que le permitieron ganar dos coronas en una misma pelea y cinco títulos en pesos diferentes entre 66,600 kg y 79,378 kg. Pero esto es otro tipo de grandeza. Es para otra ocasión.
El próximo sábado, en el célebre Paseo de los Campeones del IBOHF, todos los sobrevivientes de los Juegos de Montreal 1976 pasearán con sus medallas y sus galardones. Acompañados por las tradicionales bandas musicales de los bomberos, la policía y el ejército. A modo de héroes, con el gran Sugar Ray Leonard, a la cabeza. Portando la bandera como lo hizo en Canadá medio siglo atrás.
Montreal 1976 fue uno de las competencias más jerarquizadas en el olimpismo moderno; comparable a Barcelona 1992, donde convivieron figuras rutilantes como el cubano Joel Casamayor y el fantástico Oscar de la Hoya.
IBHOF elevará sus insignias bien altas y desde el panteón de los inmortales, los argentinos inducidos allí se sentirán participes de esta fiesta. ¡Sí! Pascual Pérez, Carlos Monzón, Tito Lectoure, Víctor Galíndez, Nicolino Locche, Amílcar Brusa y Luis Ángel Firpo adosarán sus almas en esta evocación, orgullosos de sentir muy cerca de sus placas de bronce y llenas de gloria, a uno de los atletas mas admirados del planeta: Sugar Ray Leonard.