Actualidad · 15 may 2026, 12:19 a. m.
Quién es el Gordo Tilín, el capo narco que quiere copar Fuerte Apache a fuerza de sangre y balas
Agustín Jerez está acusado de un doble homicidio en el contexto de una guerra entre bandas por el control del crimen organizado en el barrio Ejército de los Andes, de Ciudadela
El operativo que incluyó el despliegue de 500 policías y dos helicópteros en el barrio Ejército de los Andes, el enclave de Ciudadela conocido como Fuerte Apache, tenía como objetivo atrapar a un capo narco que pretendía dominar el complejo habitacional y que en el contexto de la expansión de sus actividades, en un raid de sangre y balas ocurrido entre el 19 y el 20 de abril pasado, habría matado a dos integrantes de la banda rival.
Según fuentes policiales, los 14 allanamientos realizados entre las 5 y las 9 de este jueves tenían como fin arrestar a Agustín Jerez, también conocido como Gordo Tilín o Gordo Agustín.
Además de capturar al Gordo Tilín, los policías debían detener a un menor de 16 años conocido como Tato. Ambos sospechosos habrían sido los autores materiales de los homicidios de Mario Carrizo, alias Muela o Marito, y de Federico Denus, ocurridos hace menos de un mes en el contexto de una guerra por el dominio del territorio para vender droga.
A pesar del despliegue de cientos de policías que se reunieron durante la madrugada en las adyacencias de Tecnópolis, ni Jerez ni Tato, uno de los tres “soldaditos” que lo custodiaban, pudieron ser detenidos.
En algunos de los domicilios allanados, los efectivos secuestraron armas y drogas, aunque no consiguieron encontrar, como esperaban, a ninguno de los sospechosos.
Fuentes de la investigación indicaron que el Gordo Tilín sería el jefe de una banda dedicada al narcomenudeo que opera en la denominada Villa Matienzo, un asentamiento situado entre Fuerte Apache y la avenida General Paz, frente al barrio porteño de Villa Real.
Desde principios de este año, Jerez habría decidido extender sus actividades de venta de droga a cada rincón de Fuerte Apache. Así comenzó una guerra por el dominio del territorio que tuvo el pico de violencia entre el 19 y el 20 de abril pasados, cuando a Jerez le sustrajeron una mochila con armas.
Ante ese robo, el Gordo Tilín habría convocado a sus “soldaditos” para recuperar el arsenal. Así comenzó a atacar las viviendas de los integrantes de la banda rival señalados como los responsables de haberle quitado sus armas.
A partir de la reconstrucción de los homicidios de alias Muela y Denus realizada por investigadores policiales, se habría determinado que Carrizo formaba parte de la banda dedicada al narcomenudeo.
Ese grupo narcocriminal opera en el nudo 13, dentro de Fuerte Apache, en Ciudadela. Durante la madrugada, el Gordo Agustín y algunos de sus cómplices llegaron a la vivienda de una jubilada para buscar a uno de los sospechosos del robo.
Como no encontraron al hombre que habían ido a buscar, los agresores le dieron una paliza a la abuela y balearon el frente de la vivienda. En ese momento, un vecino salió en defensa de la mujer y disparó contra el grupo agresor. Uno de los balazos hirió de muerte a Carrizo.
Jerez y sus “soldaditos” siguieron un raid de sangre y balazos por diversos departamentos de los nudos 13 y 12. Esa recorrida terminó cuatro horas después cuando llegaron a una casa y mataron a Denus.
Funeral “tumbero”
Además de la hipótesis principal −la venganza por el robo de las armas−, se analizan los vínculos de esos ataques con la disputa por el control del territorio para vender droga en el complejo habitacional Ejército de Los Andes.
Los restos de Carrizo fueron despedidos por familiares, cómplices y amigos en medio de un funeral “tumbero” que incluyó disparos al aire.
“Vamos. Decime que es mentira, hermano. No me esperaste ni me abrazaste. Todavía no te tenías que ir. No puede ser”, escribió un familiar de Carrizo al pie de una foto del delincuente y transa abatido en Fuerte Apache.
“Dale, levantate, padrino. Me duele el alma. Rey, me dijiste que me ibas a esperar. Dale, levantate. Te juro que vamos a matar a toda la familia”, reza otro mensaje de despedida, junto a una imagen del fallecido.
La sucesión de posteos de fotos y videos de los asaltantes o vendedores de droga en redes sociales forma parte de una tendencia en la que los autores de esas publicaciones sienten que pueden hacer pública la actividad delictiva que desarrollan y envían esos mensajes a bandas rivales como muestra de poder e impunidad.
“Ya te fuiste, nomás. En la ley que elegimos. Me duele el alma, crack. Volá alto y dale fuerzas a mami y a toda la familia. Cuídanos y guíanos siempre que te juro que vamos a matar hasta el familiar más chico del que te hizo esto. Te amo siempre, hermano”, indicó el usuario identificado como “Nahuel 13″ en la publicación realizada en una red social.
Esas publicaciones con amenazas cruzadas indicarían que la guerra no terminó y que habría represalias. Algo que no es desconocido para los habitantes del barrio.
“Acá se escuchan tiros todos los días. Vayan con cuidado”, le dijo una vecina al cronista de LN+ mientras seguía a la columna de efectivos de la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas (UTOI) que recorrían la zona de los Nudos 12 y 13 para tratar de apresar a los prófugos, Jérez y Tato.
Tanto las balaceras provocadas por los acusados el 19 y 20 de abril pasados, como el enfrentamiento ocurrido el 7 de mayo pasado no fueron hechos aislados.
Por ejemplo, hace dos años, un grupo de delincuentes atacó a balazos uno de los puestos de Gendarmería instalados en el perímetro del barrio. El destacamento de la fuerza de seguridad federal recibió nueve de los quince disparos que efectuaron los asaltantes que se enfrentaron con los gendarmes que los intentaron detener.
Según fuentes policiales, el tiroteo ocurrió en la esquina de Eduardo Comesaña y Enrique Manzoni, en el puesto N°5 de la Gendarmería, a cinco cuadras de la colectora de la avenida General Paz y a diez cuadras de la comisaría 6°de Tres Febrero, instalada en Juan José Paso, entre Pasteur y Federico García Lorca, en otro de los accesos del barrio.
El procedimiento realizado en Fuerte Apache marcó el regreso de los operativos de saturación en asentamientos y enclaves conflictivos del conurbano que, principalmente, a fines de la década del ’90 y principios de este siglo, fueron presentados por las autoridades como la respuesta definitiva a la situación de inseguridad.
Por entonces, la realización de dichos operativos se fundaban en la hipótesis de que las villas y los asentamientos eran los lugares dónde supuestamente se armaban las principales bandas que cometían los episodios de inseguridad y delitos más graves y conmocionantes de la época.
El despliegue de 500 policías y helicópteros en la zona de Fuerte Apache constituyó la reedición de los operativos de saturación que se realizaban hace tres décadas, con el agregado de drones y demás elementos tecnológicos. Después de más de treinta años de operativos de saturación y varios planes de políticas de seguridad, la situación sigue peor.