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Actualidad · 30 may 2026, 8:46 p. m.

PSG campeón: la confirmación de que el colectivo termina dando mejores resultados que las estrellas

Pese a que esta vez no fue una exhibición total como la del año pasado contra el Inter, PSG llega la confirmación de que el de Luis Enrique ya es un grande de Europa, donde reina...

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BUDAPEST, Hungría.- Cuando, hace dos veranos exactos, Kylian Mbappé decidió escaparse de su natía París para terminar en aquella Madrid que olía a éxito absoluto, nadie hubiera podido imaginar que el Paris Saint Germain terminaría ganando dos Champions League seguidas. Sin él, el mejor goleador de la historia del club parisino y el único jugador capaz de marcar tres goles en una final de un Mundial, además del penal en la tanda decisiva, en la que finalmente se impondría Argentina.

Hace tres años y medio, además, antes del mismo Mundial de Qatar el PSG podía jactar de tener en sus filas no solamente al goleador francés sino también Neymar y Lionel Messi, tres estrellas con las que se habría tenido que consagrar campeón europeo casi sin despeinarse. Sin embargo, ninguno de los tres ha salido campeón de Europa con el equipo galo, que ha llegado a su cenit futbolístico tanto en cuanto a juego como por los resultados, desde que se decidió priorizar el colectivo a las individualidades.

En esto, el papel clave ha sido el de Luis Enrique, el artesano que fue capaz de crear el que finalmente se vio como un conjunto de jugadores y no un album de figuritas relucientes. Y, nunca como en esta segunda ocasión seguida, ha prevalecido la cohesión de los futbolistas a disposición del técnico español. Más concentrados en una previa en la que, en cambio, los ingleses parecieron mucho más alegres, los parisinos han sido también más fríos cuanto contaba. Es decir desde los once metros.

Como pocos

Desde la época dorada del Real Madrid de Zinedine Zidane (2016-18) un equipo no repetía victoria en la Champions el año siguiente. Y antes de aquel período, hay que remontarse a las temporadas 1989 y 1990, en las que fue el Milan de Arrigo Sacchi el que se confirmó mejor equipo del continente, cuando todavía esta competición no tenía el formato actual y solo veía participar a los campeones de las ligas europeas.

El PSG se ha entonces metido con todo derecho en un selecto gremio de clubes que marcarán una época. Y, por fin, se le puede ver como un grande del fútbol europeo y mundial. Esta temporada ha sido particularmente difícil para los de Luis Enrique, que han tenido que sufrir mucho más de lo imaginado en el torneo local y, sobre todo, venían de casi dos años sin prácticamente parar tras haber jugado todo el Mundial de Clubes en el verano europeo de 2025, cuando perdieron en la final contra el Chelsea por agotamiento.

Conforme se acercaba el Mundial, además, empezaron a saltar las alarmas entre los jugadores que sabían que iban a representar a Francia en el intento de salir campeones. Pero si Doué, Zaire-Emery, Lucas Hernandez y Bradley Barcola no daban señales de preocupación, todo el mundo estaba inquieto por Ousmane Dembelé, Balón de oro 2025 que llegó a la final justo y con el temor de forzar y, por ende, perderse el gan evento planetario. Sin embargo el 10 jugó, marcó el penal del 1-1 antes de salir solo en el final por calambres. Y acompanará a sus cuatro colegas al Mundial en Norteamérica.

Marquinhos, líder y capitán

Dembelé, que llegó al PSG en previsión de un adiós de su paisano Mbappé, es el símbolo de la continuidad del equipo francés, que se basa en él tanto a nivel mediático como en el juego ofensivo. El penal sobre Kvaratskhelia que él mismo realizó, de hecho, deriva de una pared con el mismo 10 francés, que en su versión de delantero centro en constante movimiento ha logrado ser decisivo incluso contra una defensa inquebrantable como la de los ingleses. Y que no ha trastabillado en el momento de colocar la pelota en la dirección contraria a la que se había tirado el arquero rival Raya.

Casi en una crisis de nervios tras ser sustituido por el connacional Beraldo, Marquinhos había temido que su noche como capitán pudiese terminar de la peor manera. Pero la realidad ha sido distinta: en su tercera final con el PSG el brasilero ha encontrado el segundo triunfo, y ha terminado por levantar la copa. Un triunfo en el que ha tenido su huella el mismo Beraldo, cuya ejecución desde los once metros fue perfecta y adelantó el error de otro brasilero, Gabriel, que otorgaría la copa a los franceses.

Lo mejor del partido

Tanto el delantero francés como el defensor brasilero son el espejo del PSG de hoy, que vuela gracias al trabajo de equipo pero que se basa en dos piezas con la que se ha tenido paciencia. Un líder técnico ofensivo que ha cambiado mentalidad y rol tras años de dejadez, gracias a las enseñanzas humanas de Luis Enrique, y un pilar defensivo que llegó de la Roma cuando tenía tan solo 19 años y se ha convertido en un capitán de leyenda.

Tras años de derrotas aparatosas y de resbalones en los momentos más delicados, hoy el PSG brilla de luz propia. El secreto: haber dado vuelta a una política que hasta hace dos años no había pagado en Europa, donde ahora es rey indiscutible, soberano despótico como aquel Rey Sol que creó el absolutismo. Y cuyo trono se encontraba, casualmente, en París.