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Patentes y aislamiento argentino

Actualidad · 18 oct 2026, 3:05 a. m.

Patentes y aislamiento argentino

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La Argentina lleva demasiado tiempo confundiendo la defensa de sus intereses nacionales con el aislamiento respecto de las reglas que rigen en el resto del mundo. La aprobación...

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La Argentina lleva demasiado tiempo confundiendo la defensa de sus intereses nacionales con el aislamiento respecto de las reglas que rigen en el resto del mundo.

La aprobación del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), próximo a ser tratado en el Senado, ya que el oficialismo obtuvo la semana última en comisión el apoyo de aliados para llevar el tema al recinto, ofrece una oportunidad para abandonar esa larga equivocación.

El PCT establece un procedimiento internacional que facilita la presentación de solicitudes de patentes en numerosos países. No sustituye las legislaciones nacionales ni obliga a conceder patentes que no satisfagan sus requisitos. Permite, en cambio, que inventores, investigadores y empresas accedan a un sistema común, con procedimientos conocidos y reglas previsibles.

La Argentina permanece al margen de ese mecanismo, al que han adherido la inmensa mayoría de las economías relevantes. Esa excepcionalidad no constituye una ventaja competitiva ni una manifestación de soberanía. Es, por el contrario, una dificultad adicional para quienes desean desarrollar, proteger y comercializar sus innovaciones.

El embajador norteamericano ha reclamado recientemente la aprobación del tratado. Pero sería un error reducir la cuestión a una exigencia diplomática o a una concesión a intereses extranjeros. Lo que está en juego es la capacidad de la Argentina para participar en condiciones de igualdad en un sistema internacional de protección de las invenciones.

Integrarse al mundo supone aceptar reglas comunes, transparentes y conocidas de antemano. También significa renunciar a la pretensión de que nuestro país puede desenvolverse indefinidamente mediante excepciones, procedimientos singulares y barreras que terminan perjudicando a sus propios ciudadanos.

La vieja ambición de una Argentina autárquica y autosuficiente ha dejado demasiados daños económicos e institucionales como para perseverar en ella. La experiencia demuestra que el aislamiento no protege la creatividad nacional: limita sus posibilidades de expansión y reduce los incentivos para invertir e innovar.

El Senado debería aprobar el PCT no para satisfacer a un gobierno extranjero, sino para ofrecer a los argentinos las mismas herramientas jurídicas de las que dispone buena parte del mundo. La soberanía no se fortalece permaneciendo al margen de las reglas internacionales, sino participando plenamente en ellas.