Actualidad · 4 jun 2026, 11:51 a. m.
Martín Slipak: su vínculo con la fama, su paso por una famosa novela y la obra “íntima” que escribió y dirige
En una charla con LA NACION, el intérprete de 38 años cuenta sobre sus comienzos a los siete en el icónico programa Magazine For Fai, sobre la relación con su hija de 16, y sobre...
Es temprano por la mañana, un horario poco habitual para los actores, además Martín Slipak, de 38 años, aún siente el jet lag (acaba de regresar de un viaje laboral a España que compartió con su hija), pero, café mediante, el actor que debutó a los siete años en Magazine For Fai de la mano de Mex Urtizberea charla con LA NACION sobre Ambiente, una obra “muy íntima” escrita y dirigida por él en la que refleja el problema de la crisis habitacional en el mundo.
Además, cuenta sobre sus inicios en el medio y cómo fue el paso al mundo adulto, cuando empezó a hacer otro tipo de ficciones, entre ellas la novela Resistiré en la que, con solo quince años, protagonizó escenas complejas con Carolina Fal. Además, señala que fue diagnosticado como hipocondríaco y habló de cómo fue ser padre joven.
—¿Qué nos vamos a encontrar en Ambiente?
—La obra es un planteo que le hace un joven a sus padres, pero también es un planteo que yo, como autor, hago al público acerca de un problema sin solución. Un joven de treinta y pico de años le pide a sus padres que se achiquen, que vendan la casa, una casa austera para que él pueda tener algo, porque sabe que no le van a dar las cuentas jamás para eso, y que la única forma de tener algo va a ser cuando ellos mueran, y no quiere vincular el hecho de tener algo con el de que ellos no estén.
—Una situación que habrás visto en amigos.
—En casi todos los jóvenes de veinte, treinta y cuarenta años que viven la crisis habitacional. Somos una generación para la que es una utopía comprar [una propiedad]. Somos hijos de gente que la pasó mal con un montón de cosas. Nuestros padres atravesaron la dictadura, el corralito, la inflación y demás. Pero, en un momento, se abrió una ventana y ellos se pudieron comprar algo. Los padres del protagonista están en un momento de la vida en el que sienten que no pueden hacer ese esfuerzo, porque están grandes. El padre es un tipo que labura como chofer de Uber y sueña con anotarse en Timbre 4 a estudiar actuación y el hijo les plantea un cambio de vida a los sesenta años. Yo tengo una mirada desde que soy padre, lo único que anhelo en la vida es dejarle una casa a mi hija o algo para que esté segura y feliz.
—Tu hija es adolescente.
—Tiene 16, no me imagino soltándole la mano en dos años. La obra es dilemática y eso es lo más importante: no bajar línea, mostrar algo que pasa y que es incómodo hablar.
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—¿Dejás el terreno listo para que tu hija no sienta esa incomodidad cuando tenga que hablar de esto con vos?
—Sí, y lo que pasa es que nuestros padres vincularon mucho el tema del esfuerzo con lograr algo, ¿no? De estudiar y de trabajar y eso ya no alcanza. Para mí, la decisión de tener un hijo implica una responsabilidad de por vida. Así como también se genera una responsabilidad con los padres si te cuidaron y te dieron amor. Mi padre, en un momento, tuvo su accidente cerebral y cambió su vida y nos necesitó a nosotros al lado y no dudamos un instante en estar cada día porque se lo merecía, porque fue buen tipo y buen padre.
—Muchas familias se deben identificar con esta historia.
—Sí, a mí me gusta llamarlo teatro de crisis. Hoy me parece que es inevitable, que está sucediendo, lo difícil que es vivir. Esta obra de tan cercana se vuelve extraña. Se habla de Uber, de Timbre 4, la madre pinta y tiene algo muy ácido y de humor hasta que el hijo hace el planteo. Es que la vida es comedia hasta que irrumpe el drama.
—¿Tiene mucho de vos la obra?
—Sí, es muy íntima. Sensible, es algo que claramente a mí me interpela. De hecho, la madre de la obra pinta y le pedí a mi mamá que haga los cuadros de la obra.
—Se habrá puesto contenta, orgullosa.
—Sí. Pero a la vez cuando leyó la obra, dijo: “Este chico quiere que sus padres mueran”. Creo que hay un punto en donde se sintió interpelada por la obra. Ella tiene casa y yo no, por ejemplo.
—¿Vos alquilás?
—Sí.
—Y trabajás desde los siete años.
—Sí, entonces, no es que nunca intenté. Hay gente que me jode y me dice: “Cómo no te pudiste sentar a pedirle la casa a tus padres, te sentaste a escribir una obra donde un hijo le pide una casa a sus padres” y tal vez sea un poco así.
—También habla del sueño no cumplido del papá de ser actor, ¿algo de eso sucedió en tu familia?
—Soy hijo de un padre que cuando hablaba, su discurso todo el tiempo era “yo tendría que haber sido cantante”, “yo tendría que haber sido médico”, “yo tendría que haber sido...”. Somos hijos de una generación que no se animó a ser artista, eligieron profesiones aun queriendo ser artistas y muchas veces quedó el sueño frustrado del arte. Nos incentivaron a todos nosotros a ser artistas y hoy no nos alcanza para vivir de eso.
—Pero ese incentivo se agradece…
—Absolutamente. Aunque es una contradicción porque vivimos de lo que nos gusta, pero no alcanza. Creo que un 3% de los actores viven de su trabajo. La mayoría vive de otras cosas, lo cual a mí me resulta duro y admirable el actor que aprende a hacer otra cosa, yo soy inútil por fuera de lo que es actuar.
—¿Vos siempre viviste de la actuación?
—Siempre. Es una fortuna hasta acá, pero también es un día a día. Si mañana no hay trabajo, no sabría defenderme.
—¿Cómo se te ocurrió actuar?
—No lo sé. Pedí estudiar actuación, tenía como una sobreobservación del mundo adulto y todo eso que veía lo transformaba en cierto histrionismo.
—Bueno, Magazine For Fai era eso, niños representando a los adultos que veían.
—Sí y un histrionismo e impunidad que uno extraña. Me mandaron a un lugar muy lindo, de Hugo Midón y Nora Moseinco, y Magazine... tenía que ver con el juego y el disfrute. Sin eso no concibo la actuación.
—Niños actores de tu generación en otras producciones no tienen un recuerdo muy lindo, grababan doce horas, comían en un taxi, perdían momentos de niñez. ¿Cómo era en Magazine...?
—Nos juntábamos a improvisar una o dos veces a la semana de un modo muy lúdico, libre y hermoso. Muchas veces en base a esas improvisaciones se escribía, otras veces se probaban cosas y se grababa los sábados a la mañana. El tema fue que yo enseguida empecé a trabajar mucho.
—¿Cómo fue el salto al mundo adulto?
—Fue inmediato. Me llamaron para una obra dirigida por Sergio Renán con Lito Cruz, Héctor Bidonde, Fabián Vena, Federico D’Elia, Inés Estevez y Graciela Dufau. Después, llegó la película La sonámbulada y para ser el hijo de Pablo Cedrón en Carola Casini.
—Y en Resistiré protagonizaste escenas subidas de tono, siendo menor, ¿cómo lo ves hoy como papá?
—Hay cosas que ya no sucederían, como esto de una escena de un chico de quince años franeleando con una mujer de treinta años, ya no se escribe. Hice películas muy fuertes siendo muy chico. Una que yo terminaba al lado de una maestra escribiendo en mi diario íntimo, en el que decía: “hoy la maestra me enseñó lo que es hacer el amor”. Y yo tenía trece años mientras hacía esa película con una actriz semidesnuda al lado mío. Y mi mamá desesperada en el cuarto de al lado con mucha contradicción y mucha imposibilidad de decirme que no. El trato o la mirada que se tenía del menor eran muy distintos. Todavía hoy me pregunto cuáles son las consecuencias de haber vivido eso.
—¿Y el colegio?
—Era un pibe muy complicado, tenía un tema con la injusticia. Era insoportable de chico. Compatibilizar con el trabajo era difícil y fui ansioso de que me fuera bien, de querer ser conocido y no desaparecer.
—¿Te importa la fama?
—No me siento famoso. Me importa la fama en tanto me permita poder seguir eligiendo y haciendo lo que me gusta. Uno ve tanta gente famosa por cosas que no son meritorias. La fama en sí misma no me parece un mérito. Me gusta más que me llamen actor a que me llamen famoso.
—Volcamos al colegio. Dijiste alguna vez que ibas a terminar la secundaria con tu hija, ya falta poco.
—Me quedan cinco materias, pero sí, me gustaría hacerlo con Nina. Ella termina el año que viene; es sumamente responsable. Es muy lindo cuando un hijo se empieza a diferenciar de uno y empieza a lograr cosas que uno no logró. Es una sensación gratificante.
—¿Va por el lado de la actuación?
—No se sabe. Es un momento sumamente personal y difícil de acompañar. Yo tuve resuelto de muy chico algo que aparece como una pregunta existencial a los 16, 17 años y que no es joda.
—Fuiste padre muy joven. ¿Es difícil ser papá de una adolescente?
—Es la labor más difícil de la vida, que un ser humano dependa de vos. Yo tengo la suerte de que Nina nos la hace muy fácil y me emociono.
—La nombrás y sonreís.
—Es una persona que de verdad tiene algo que no te la complica. Es difícil ser papá, pero es fácil ser papá de mi hija. Sabe de música y bandas y me enseña. Eso es hermoso. Cuando uno es padre se tiene que poner los pantalones largos y estar y tenés la obligación de tratar de ser lo más feliz posible, hay ciertas cosas que son del ego que tenés que trabajarlas.
—¿Tuviste momentos complicados en los que te levantaste por ella?
—Por Nina tengo que salir de la hipocondría. Tuve crisis hipocondriacas muy grandes, de no tener energía para caminar, de sentir que me estaba muriendo. Estoy medicado por la hipocondría.
—¿Volviste a tener ganas de ser papá?
—Tuve una novia con la que lo dudé. Pero creo que hubiéramos chocado mucho con la educación. Con la mamá de Nina nos llevamos muy bien.
—¿Estás en pareja?
—No, hace tres años que no y me gustaría. Me gusta la fascinación, en la pareja, en las obras, en el arte. Me gustaría tener plata y comprar cuadros, quiero uno de Pablo Cedrón.
—Lo nombraste mucho, ¿lo admirabas [N.de la R. : Pablo Cedrón murió en 2017]?
—Sí, era un artista, un loco y me puso muy triste su partida porque no tuvo el reconocimiento que debería haber tenido. La coyuntura te demanda producirte y un artista no tiene por qué saberlo y Cedrón era un actorazo, carpintero, cocinaba bárbaro y era un animal del arte.
—Estuviste en España hace poco.
—Fue loquísimo. Hice la presentación teatral de un podcast que grabé acá para una aerolínea sobre el miedo a volar y fui con mi hija y fue observar cómo ella descubría un nuevo mundo, lleno de historia. Estuvimos en Madrid y Barcelona.
—¿Cómo fue la experiencia de actuar en la serie El Encargado?
—Buenísimo, estábamos todos muy enfocados. El personaje de [Guillermo] Francella es muy oscuro y él estaba muy concentrado y lo transmitía. Me gustó trabajar con Mariano Cohn y Gastón Duprat [los showrunners de la serie]
—¿Cómo sigue tu año?
—Empiezo a filmar una película que se llama La máquina. En febrero estuve filmando en Paraguay una película que dirigió Nicolás García Hume y Romina Tamburello, Golpes, la hicimos en dos febreros distintos basada en una fiesta de niños impunes y millonarios el día de la caída de Stroessner (presidente de facto del vecino país entre 1954 y 1989).
—¿Y Ambiente?
—Nos invitaron a un festival en Uruguay. Seguimos hasta fines de junio y veremos si seguimos después, es la idea.
Para agendar
Ambiente se presenta los viernes, a las 21, en el Estudio Los Vidrios (Donado 2348) y está protagonizada por Paco Gorriz, Mauricio Minetti y Maitina De Marco.