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La independencia de Ucrania moldea el futuro colectivo

Actualidad · 15 oct 2026, 3:05 a. m.

La independencia de Ucrania moldea el futuro colectivo

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Los países miembros de la OTAN deben proporcionar de inmediato las herramientas necesarias para garantizar el avance hacia un mundo mejor, más seguro y protegido

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Hace 35 años, el 24 de agosto de 1991, el Parlamento ucraniano aprobó la Declaración de Independencia de Ucrania. Sin duda, este fue uno de los momentos geopolíticos más importantes del siglo XX.

La restauración de la independencia de Ucrania liberó al pueblo ucraniano del yugo colonial ruso y le permitió integrarse al grupo de los pueblos libres del mundo. De hecho, puso fin a tres siglos de despiadada dominación y explotación rusa, aunque interrumpidos por breves periodos de independencia ucraniana. Este sombrío periodo de la historia de Ucrania incluyó el Holodomor, que hoy es reconocido por la comunidad internacional, como un genocidio que segó la vida de millones de ucranianos.

La independencia de Ucrania también impulsó la disolución de la Unión Soviética en quince estados independientes y liberó a muchos otros pueblos esclavizados de lo que el expresidente estadounidense Ronald Reagan denominó acertadamente el “imperio del mal”. Por ello, la proclamación de la independencia de Ucrania es un acontecimiento histórico que debe ser celebrado no solo por los ucranianos sino por todos los amantes de la libertad.

No debe sorprender entonces que, para el actual dictador ruso, la independencia de Ucrania sea totalmente inaceptable, en tanto y en cuanto este evento provocó el colapso de la Unión Soviética.

Desde entonces, Rusia ha intentado por diversos medios, incluyendo el chantaje gasífero, reconquistar Ucrania y de tener éxito, reconstituir la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia. Sin embargo, al darse cuenta de que Ucrania se encaminaba claramente hacia Europa y se desprendía de su pasado soviético, Putin tuvo la misma reacción que Stalin cuando escribió en 1932 a su lugarteniente - Lazar Kaganovich: “Si no empezamos a rectificar ahora la situación en Ucrania, podríamos perderla”.

Por eso Rusia invadió Crimea y parte del Donbas en 2014, y luego inició una guerra genocida a gran escala contra Ucrania en 2022.

Durante más de doce años, Ucrania ha defendido heroicamente su independencia y protegido la integridad territorial de Europa frente a los planes imperialistas de Rusia.

Al principio, los países miembros de la OTAN condenaron la agresión militar rusa. Sin embargo, su apoyo a Ucrania fue cauteloso y gradual, ya que no comprendieron del todo la gravedad de la amenaza rusa a su propia seguridad y calcularon, erróneamente, que la moderación evitaría una escalada.

De hecho, la CBC informó recientemente que, durante su visita a Canadá en mayo de 2026, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, reveló que: “Durante más de 25 años, todos vivimos en una realidad en la que creíamos que no existía ninguna amenaza. No necesitábamos hacer nada para nuestra propia defensa”. También admitió que, si bien los países del norte de Europa reaccionaron a la invasión militar rusa de Crimea,

“Alemania y otros países no lo hicieron. Oyeron la alarma, pero la ignoraron”. Además, advirtió que Rusia podría iniciar una guerra contra un país miembro de la OTAN en tan solo tres años, concretamente en 2029.

Posteriormente, el 11 de junio de 2026, Politico publicó las siguientes reveladoras declaraciones del inspector del ejército alemán y máximo responsable de las fuerzas terrestres alemanas, Christian Freuding: “Debemos estar preparados […] Debemos estar listos para luchar […] Los 32 socios de la OTAN coinciden en que Rusia podría tener la capacidad de invadir un país miembro de la OTAN en 2029”.

Afortunadamente, un ataque ruso contra un país miembro de la OTAN, y sus dramáticas consecuencias para la vida humana, aún pueden evitarse si Occidente apoya ahora activamente a Ucrania para garantizar que logre defender su independencia y liberar todos sus territorios ocupados.

Los ataques diarios de drones ucranianos contra las refinerías de petróleo en territorio ruso y los buques petroleros en los mares Negro y de Azov ya han desmentido el mito de que Rusia es una superpotencia militar. Los principales medios de comunicación han señalado correctamente que la situación ha cambiado. Por ejemplo, el 20 de mayo de 2026, CNN publicó un artículo titulado “Rusia está perdiendo en Ucrania. Xi lo ha notado; Trump también debería”, que afirma que: “Hasta ahora, es Ucrania -no Rusia- la que ha logrado ganancias territoriales netas este año, además de infligir pérdidas masivas a las fuerzas invasoras rusas”.

Putin es plenamente consciente de la vulnerabilidad actual de Rusia y por eso su ejército ha intensificado los letales ataques con misiles balísticos contra la población civil, incluidos niños, y la infraestructura civil de Ucrania.

En tales circunstancias, cabría suponer lógicamente que Occidente suministraría a Ucrania interceptores de defensa aérea adicionales y eficaces para orientar el curso de la historia en la dirección correcta.

Sin embargo, el 2 de agosto de 2026, el presidente ucraniano Volodímir Zelensky reveló que Ucrania había recibido en 2026 solo un tercio de los interceptores de defensa aérea en comparación con el mismo período de 2025. Esta revelación resulta desconcertante, ya que estas condiciones exponen a Occidente a un trato similar en el futuro.

Este es un momento crítico y la preservación de la independencia de Ucrania tendrá un profundo impacto en la seguridad y la estabilidad globales. Los países miembros de la OTAN deben reconocer esta flagrante realidad por su propio bien y proporcionar de inmediato a Ucrania las herramientas necesarias, comenzando con munición eficaz de defensa antimisiles, para garantizar el avance hacia un mundo mejor, más seguro y protegido.