
Actualidad · 20 oct 2026, 3:30 a. m.
La estancia más austral del continente: se fundó en el siglo XIX, cría ovejas y protege fauna marina
La familia Fenton recibe huéspedes en el kilómetro 0 de la RN 40 y junto al Faro de Cabo Vírgenes
“Tengo tres vecinos: Chile, el Atlántico y estancia El Cóndor”, desliza Carolina Fenton, anfitriona de Monte Dinero, cuando me detengo en un mapa que muestra dónde queda esta estancia de 26.000 hectáreas, la más austral de la Argentina continental. Llegamos después de manejar dos horas y media desde Río Gallegos, en Santa Cruz, por la RN 3 y la RN 40 –ex RP 1–.
Su nombre refiere al monte –elevación del terreno, no bosque– donde está emplazada. ¿Dinero? Por el oro en la arena que encontraban los navegantes del siglo XIX cuando llegaban a estas latitudes. “Hasta la década del 80 hubo buscadores, pero nunca encontraron demasiado… Sí puedo decir que mi anillo de casamiento está hecho con oro de estas playas”, me cuenta Carolina, al frente de esta propiedad que pertenece a su familia hace cinco generaciones. Para deshilvanar su historia nos sentamos a tomar un té en el living que es una de las partes originales (de 1880) y muy bien refaccionadas del casco.
“Arthur Fenton es mi tatarabuelo y fue el primer Fenton que vino a la Argentina desde Irlanda. Fue, además, el primer médico del territorio de Santa Cruz. Llegó en 1884 propuesto por su hermano, Thomas, que era médico en Punta Arenas, Chile. Arthur era amigo de Thomas Greenshields, el dueño de esta estancia. Como muchos otros, traían ovejas de Malvinas a la Patagonia. Con estancia El Cóndor integraban The Patagonian Sheep Farming Company. En 1889 Thomas Greenshields se enfermó y murió. Entonces Arthur se casó con la viuda de su amigo, Emma McMunn, que había estado casada solo un año y no tenía hijos”, relata Carolina.
Del matrimonio de Arthur y Emma nació Hubert, bisabuelo de nuestra anfitriona. Este último tuvo a John, que tuvo a David, el padre de Carolina. Todos se llamaban Wellington de segundo nombre. “Siempre tuvimos ovejas. Mi abuelo creó la raza corino, que era cruza de Corriedale y merino. Luego mi padre apostó fuerte a la raza merino y nosotros lo seguimos”, me cuenta mientras vemos cómo arrean mil de las 9000 ovejas que tienen en el campo, que son multipropósito, es decir, dan carne y lana. Hasta los corrales llegan arreadas en moto por los ovejeros.
“Hacemos manejo holístico, regeneración de suelos y apostamos al bienestar animal. Estamos certificados por la Responsible Wool Standard (RWS) y otros organismos. Distribuimos las ovejas en potreros con diferentes raciones de pasto y notamos que si bajamos la carga –la cantidad de ovejas por sector– logramos mejor calidad de carne y lana. Es una apuesta a largo plazo. Cuidar el suelo es el legado a mis hijos. Es lo que recibí y lo que quiero dejarles”, asegura Carolina, que tiene dos hermanos, Richard y Sharon.
Juntas pasamos al galpón de esquila para ver la clasificación. Nos acompaña Claudio Pamich, su marido, que es médico veterinario. También está Kevin, hijo del matrimonio, que en temporada guía a los huéspedes. Me cuentan que hacen esquila de preparto, en septiembre, y que del proceso participará un embretador, un esquilador, un clasificador, un playero y un prensero. La lana más valiosa saldrá del lomo.
Hace doce años que Carolina y Claudio están al frente de la estancia, como antes lo hacía su padre, David, que está casado con Peggy Sharpe y también vive en este campo santacruceño. “Cuando la casa se empezaba a deteriorar, decidimos restaurarla y abrirla al turismo. Recibimos huéspedes desde 1994 y el boca en boca nos ayudó mucho”, rememora sobre la casa que aloja visitantes en cuatro habitaciones en la planta baja y dos en la alta, con baño compartido. Muy bien atendida, la hostería engloba tradición ovina, fauna marina, acantilados e historias de aventureros.
Mucho de eso hablamos con Kevin cuando nos lleva en camioneta a alimentar con fardos de alfalfa a una tropilla de yeguas que están libres por el campo. Quedaron sueltas desde que no amansan caballos porque usan motos para los arreos. También vamos hasta los acantilados, donde hay un refugio minero abandonado. Bajamos a caminar por la playa, con sol y viento, para ver una colonia de lobos marinos que van y vienen al mar.
Al día siguiente agarramos el auto y avanzamos por la RN 40 –que atraviesa el campo– hasta el kilómetro 0, donde está el Faro Cabo Vírgenes. Desde 1904, se alza en un terreno donado por la familia Fenton al Estado argentino. Cuidado por un torrero, el faro tiene un pequeño museo con cartelería muy interesante que se remonta a los exploradores del siglo XVI.
Al lado está la casa de té Al Fin y Al Cabo, con ventanales sobre el nacimiento del estrecho de Magallanes. Manejada por los Fenton, es una forma de disfrutar este enclave magnífico y definitivo de nuestro continente. La experiencia se completa cuando me sellan el Pasaporte de la RN 40, una exitosa iniciativa del guía salteño Federico Norte, que ha llegado, como la carretera, hasta estos extremos confines.
A pocos kilómetros del faro y en tierras de Monte Dinero, visitamos la Reserva Provincial Cabo Vírgenes. Creada en 1986, abarca 1230 hectáreas que protegen, sobre todo, una colonia de pingüinos de Magallanes de alrededor de 125.000 parejas reproductivas. Con el Consejo Agrario Provincial a cargo de su administración, este año Monte Dinero y la Fundación Por el Mar impulsaron la puesta en valor de la reserva. En junio quedó terminado un nuevo mirador y se reorganizaron los senderos; en agosto se presentó un masterplan que prevé, entre otras acciones, un centro de interpretación y nuevas obras de conservación y uso público.
Como si fuera poco, con Carolina vamos a buscar sus perros pastores, que son tres y de la raza maremma. “Cuando terminé el colegio me fui dos años a Australia y aprendí adiestramiento para manejo de hacienda. Llegué a tener 20 perros y dicté varios cursos”, cuenta mientras los perros se le acercan.
Intrigada, le pregunto dónde creció y se educó. “Viví en este campo hasta los cinco años. Después me fui a Lomas de Zamora, a lo de mis abuelos maternos, e iba al Baker, un colegio inglés. Hasta que en cuarto grado entré al internado del Colegio San Jorge de Quilmes y fue duro… Pero me formé, hice hasta quinto año y me quedaron mis amigos del alma, que están desparramados por el mundo”, comenta desde los confines del continente.
Datos útiles
Estancia Monte Dinero Atendida por la familia Fenton, en una casa de 1880 y muy bien remodelada, recibe huéspedes de noviembre a fin de marzo. Se destaca por la calidez de sus anfitriones, su rica historia y por el presente ligado al ganado ovino. Consultar tarifas personalizadas. RN 40 Km 14. T: (2966) 41-3140. IG: @estanciamontedinero
Posada Ruta 40 Opción accesible para visitar este enclave mítico. Está bien puesta y tiene habitaciones con baño compartido. Muy usada por viajeros en moto, grupos de amigos y familias. Disponible de noviembre a fin de marzo. Desde u$s 30 por persona la cama en habitación cuádruple compartida con desayuno; u$s 45 por persona en base doble la habitación con desayuno; u$s 115 por persona en base doble la habitación con pensión completa. RN 40 Km 14. T: (2966) 41-3140. IG: @posadaruta40
Al Fin y al Cabo Junto al Faro de Cabo Vírgenes, en el kilómetro 0 de la RN 40, con muy linda vista, sirve café, té y cosas dulces. Abre de noviembre abril, todos los días, de 11 a 19 hs. RN 40 Km 0. T: (2966) 41-3140 IG: @casadete_alfinyalcabo
Reserva Provincial Cabo Vírgenes Está en pleno proceso de puesta en valor y se accede después de abrir una tranquera. RN 40 Km 0. T: (2966) 58-5192.