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Actualidad · 4 jun 2026, 7:50 p. m.

José Sanfilippo, el reflejo del ADN argentino en la leyenda del fútbol que siempre eligió el papel de villano

El legendario goleador de San Lorenzo y la selección nacional falleció a los 91 años; sus interacciones con Goycochea, Ruggeri y Maradona

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“Petiso canchero. Si te acercás al área me tiro encima tuyo y te aplasto”. Antonio Roma era conocido por su carácter fuerte y arrollador. Apenas José Francisco Sanfilippo se burló de él en pleno ingreso en la Bombonera, el intimidante arquero de Boca no se anduvo con vueltas y le lanzó la amenaza directa. “Hoy te meto dos goles”, había sido la desafiante premonición del delantero de San Lorenzo, que sumó algún insulto por el estilo rústico de Roma como guardavalla.

La historia de ese 12 de octubre de 1962, en el Boca 2 vs. San Lorenzo 2, por supuesto, con dos goles de Sanfilippo, fue contada tantas veces que se transformó en leyenda. Algunos incorporaron que también le había anticipado que una de las conquistas iba a ser de taco. Pero eso entra en el terreno del mito que se transmitió durante décadas, de abuelos y padres a niños que empezaban a sentir pasión por el fútbol.

Lo cierto es que ese día, apenas movió en la mitad de la cancha, San Lorenzo efectuó una serie de pases rápidos y Capdevila, ahí mismo, lanzó un pelotazo al borde del área xeneize. La defensa estaba acomodándose, distraída. Roma salió desbocado a tirarse encima de Sanfilippo, pero el escurridizo atacante de 1,68 metros alcanzó a tocar la pelota con el taco por encima del arquero. Y tuvo tiempo para salir del camino de su adversario, antes de que Roma pudiera golpearlo como le había prometido.

Sin videos y con relatos que fueron exagerados con el tiempo, el gol fue puesto en duda. Es muy recordada la viralidad que alcanzó esa jugada hace un par de años, por el descreimiento del influencer Luquitas Rodríguez. Pero todos los medios de la época relatan la acción de modos parecidos, lo que hace suponer que hay muchos rasgos reales. LA NACION lo describió así en sus páginas: “Auspiciosa fue la iniciación para San Lorenzo. Antes de los 30 segundos y luego de un avance gestado entre Santamaría, Facundo y Capdevila, Sanfilippo recibió la pelota cerca de la valla y antes de que Benites y Roma lo impidieran convirtió con un shot suave y alto”.

Sanfilippo jugó durante 23 años en la primera división y consiguió 344 goles. Pero ninguno de esos tantos resumiría tan bien todo lo que significó para el fútbol argentino. Soberbio, arrogante, veloz y talentoso. Muy talentoso.

Cuando aquel suceso, tenía 27 años. Hacía tiempo había dejado de ser el “Nene”, aunque el apodo perdurara. Porque no se trataba, como en muchos casos, de una identidad juvenil que luego se redireccionaría al llegar la madurez. No, para nada. Sanfilippo fue siempre así. Lo cual le valió convertirse, después de su retiro, en una figura muchas veces odiada.

El quiebre en tal aspecto ocurrió el 7 de septiembre de 1993. La selección argentina venía de ser goleada por Colombia por 5 a 0 en el Monumental y la clasificación para el Mundial de Estados Unidos estaba en duda.

En el programa Tiempo nuevo invitaron a Sergio Goycochea, el arquero que sufrió aquellos goles, y a algunos exjugadores, entre ellos, Sanfilippo. “Pibe, es un desastre. Esto pasó porque usted se comió todos los amagues”, le espetó el exdelantero a Goycochea, que estaba acorralado y sin reacción.

El que salió al rescate fue Carlos Salvador Bilardo, inolvidable. Al mirar por televisión lo que estaba pasando subió al auto y se fue directamente a Telefe. Bernardo Neustadt se levantó sorprendido y abrió los brazos para recibirlo. El entrenador campeón en México ’86 cuestionó a Sanfilippo y le pidió a Goycochea que abandonara el programa. El Nene no se intimidó. Al contrario, arremetió: “Mirá si me va a preocupar que me desacredite él [por Bilardo]. Fui más grande que él 70.000 veces”.

La arrogancia lo puso en un lugar de cuestionamiento permanente. Pero aun hoy no existiría cancelación que lo intimidara. Sanfilippo, equivocado o no, jamás cambió. Es más, muchas veces parecía disfrutar de esa serie de críticas que caían sobre él. No modificaba su pensamiento. Inflexible.

La mirada fría y distante puede detectar fácilmente los excesos de comportamiento. Pero lo que él hacía, más allá de términos de época, no parece expresar rasgos distintos a los que definen a muchos otros argentinos en la actualidad. En la vida pública o en las redes sociales. Siempre es más fácil detectar los defectos en otra persona antes que revisar si también uno puede ser portador de trazos similares a los que critica.

Sus comienzos en el fútbol estuvieron vinculados con una época muy particular, en la que el talento era exhibido con grandilocuencia. De hecho, Sanfilippo integró la histórica formación de los Carasucias, un grupo de chicos que debutaron en la selección nacional en 1957, en el Sudamericano de Lima, y que sorprendieron al continente con un fútbol que nunca se había visto, según describen los diarios de varios países. Se trataba de Oreste Omar Corbatta (20 años) y Humberto Dionisio Maschio (23), de Racing; Antonio Valentín Angelillo, de Boca (19); Enrique Omar Sívori (21), de River; José Francisco Sanfilippo (21), de San Lorenzo, y Osvaldo Héctor Cruz (25), de Independiente.

Los cinco grandes representados en un ataque altivo e impiadoso. Fue el primer gran equipo del pueblo. El nombre que empezó a repetirse en los medios argentinos estaba inspirado en la película estadounidense Ángeles con caras sucias (1938), en la que trabajó Humphrey Bogart. Hicieron 25 goles en seis partidos, incluida un histórico 3 a 0 a Brasil en el día de la consagración como campeón, una fecha antes del final. La diferencia fue abrumadora. Y como suele pasarnos... de la superioridad se pasó en dos pasos al engreimiento y la vanidad. A la seguridad de que nadie podía ser mejor que nosotros.

El golpe de realidad ocurrió un año después, en el recordado desastre de Suecia, con la derrota por 6 a 1 ante Checoslovaquia. Sanfilippo formaba parte de aquel plantel, pero siempre se “despegó” de aquella humillación porque no fue titular, ni ingresó en ninguno de los tres partidos. Y también es cierto que faltaron otras tres figuras: Maschio, Angelillo y Sívori, que fueron vendidos al fútbol italiano y no podían ser convocados por la selección.

Sí pudo jugar el Nene en Chile 1962, cuando también la Argentina se quedó fuera en la primera rueda, pero sin goleadas en contra. Sanfilippo le hizo un tanto a Inglaterra, en la derrota por 3-1 que condicionaría al equipo nacional.

A diferencia de las otras estrellas, no emigró. Jugó 10 temporadas en San Lorenzo. Conquistó el título de campeón de 1959 y fue el máximo goleador del torneo local en cuatro temporadas consecutivas, entre 1958 y 1961, un récord que iba a ser alcanzado sólo por Diego Maradona, en 1980. Tuvo un breve paso por Boca en 1963, cuando el conjunto xeneize perdió la final de la Copa Libertadores contra el Santos de Pelé.

Luego, su carrera comenzó a declinar. Sanfilippo pasó por Nacional, de Uruguay, y por Bangu y Bahía, de Brasil. Volvió para despedirse en el San Lorenzo bicampeón del Metropolitano y el Nacional de 1972. Tenía 37 años y apenas jugó ocho partidos, pero anotó ocho goles.

Tampoco dudaba de involucrarse en cuestiones sociales o políticas. Se subió con dirigentes, políticos, artistas y deportistas al vuelo que acompañó el regreso de Juan Domingo Perón en 1972. Así lo relató en alguna entrevista: “Cuando el capitán de la nave anunció que estábamos llegando a territorio argentino comenzamos a cantar la marcha peronista. Y creo que también cantamos el Himno Nacional. Pero sorpresivamente estuvimos girando dos horas en el aire antes de aterrizar. La pasamos fulero. Empezamos a mirar por las ventanillas. Yo tenía 37 años y dos hijos, y me asusté. Estaban los militares [el gobierno de Agustín Lanusse] y uno no sabía si un loco podía agarrar una avioneta y estrellarse contra el avión en el que estábamos. Finalmente aterrizamos. Eran las 11 de la mañana”.

Su estilo de confrontación permanente le abrió puertas en la televisión argentina. El exgoleador participó como panelista en programas como El equipo de primera, El show del fútbol y hasta Polémica en el bar.

Sus duelos con Maradona eran memorables. Decía que en el histórico partido frente a los ingleses en México ’86 el 10 había hecho un gol con la mano y que el otro había sido en contra.

Alguna vez, para cuestionar a Oscar Ruggeri, dijo que le daba lástima. Héctor Veira le recriminó: “Vos sos una mala persona”. Y Maradona lo cruzó con otra frase que se arraigó en la posteridad futbolera: “Lástima a nadie, maestro”.

En 2017 el exdelantero incursionó en la política, con un spot a su estilo: “Al que roba, garrote, garrote y garrote”, cuando intentaba ser diputado por el Frente Renovador. No pasó de una precandidatura.

El adiós a Sanfilippo está rodeado por recuerdos y anécdotas polémicas. Muchas, cuestionables. Pero los hinchas de San Lorenzo también pueden encontrar reflejos de alegría, celebración, aprecio y valoración. Fue un personaje imborrable que encarnó muchos de los aspectos de la identidad argentina. Y en el fútbol, una leyenda.