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Actualidad · 5 jun 2026, 10:42 p. m.

El luto por la muerte del Indio Solari revoluciona Plaza de Mayo con una “misa ricotera” que une a distintas generaciones

La celebración en el centro porteño entremezcla los recuerdos y las emociones de quienes aseguran que la música del histórico líder de los Redondos marcó sus vidas

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La “misa ricotera” a la que citaron los seguidores del Indio Solari para honrar a su ídolo, que fue hallado sin vida esta mañana, fue convocada para las 18. Pero la Plaza de Mayo, el lugar elegido para la clásica ceremonia, comenzó a llenarse al mediodía.

Carolina Polo, oriunda de San Andrés, fue una de las primeras en llegar. “No podía estar en mi casa. Sentí la necesidad de estar con gente que siente por el Indio lo mismo que siento yo. Es algo bastante difícil de describir: es como un compañero de vida, una persona que con su música y su arte me ayudó a crecer y a salir de un montón de situaciones. Lo siento como una gran pérdida”, explica la admiradora, de 46 años, que esconde sus ojos húmedos detrás de unos anteojos de sol.

Con las horas, los cientos de fanáticos que se reúnen en la plaza pasan a ser miles, y comienzan los pogos. En los laterales de la plaza se forman pequeños recitales improvisados, con parlantes y músicos que entonan temas icónicos del Indio como “Un poco de amor francés”, “Ji ji ji” o “La bestia pop”.

“Cualquier momento de mi vida que recuerde tiene canciones de él”

“Desde chiquito, cualquier momento de mi vida que recuerde tiene las canciones de él, la vida de él, de Los Redondos o de Los Fundamentalistas. Es parte de mi relación con la vida, con mi vieja y mi viejo. Siento como si se hubiera muerto un familiar mío”, dice Joaquín Fernández, de 22 años, que llegó al centro porteño desde su casa, en Villa Lugano.

“El Indio sintetizaba en su obra y en su música un montón de cosas que sentimos los argentinos. Lo sienten tanto los pobres como los ricos, todo el mundo. Era una persona que leía a Bukowski y a otros escritores muy conocidos, y transmitió todo eso a los cartoneros, a la gente como nosotros”, agrega.

Sobre el mantel blanco del altar de la “misa ricotera”, se lee la frase: “Indio, nunca supe de alguien como vos”, acompañada por fotografías en blanco y negro del músico. Hay dos cruces de madera pintadas a mano: una con la figura de Jesús y otra con una figura humana de brazos abiertos, decorada con símbolos como los pañuelos de las Abuelas de Plaza de Mayo, la bandera de la Palestina y una golondrina.

A medida que anochece, la gente se va amontonando en la plaza. Suenan clásicos del Indio y los aplausos se hacen sentir cada vez con más fuerza. Hay grupos de amigos, colegas de trabajo y familias enteras. Algunos ya comparten fernet o cerveza, otros, mate, mientras intercambian recuerdos de la leyenda. Otros lloran y se abrazan.

“Generacional y familiar”

Sentados en el pasto, una familia vestida de rojo y negro espera el comienzo de la celebración. “Él estuvo en todas nuestras etapas de la vida. Hoy, como en cada misa del Indio, nos encontramos personas de distintas clases sociales e ideas políticas, pero todos sentimos lo mismo”, asegura Maximiliano de Regi, de 46 años, padre de dos hijos, que se dedica a hacer changas en el centro porteño.

“Mi relación con el Indio es generacional y familiar —dice—. Mi viejo se lo transmitió a mis hermanas, mis hermanas a mí y yo a mis hijos. Siempre estuvo presente en todos los momentos de mi vida. Tuve el placer de verlo muchas veces. Fui con amigos, con mi familia, con mi señora y con mis dos hijos”, cuenta. Y suma: “Todo lo que decía era importante. A mí me hizo interesarme en la política, en la lectura y en la historia. Ahora, con el caso de esta nena, Agostina, pienso que el Indio ya lo había dicho en 2011: ‘Cuidemos a las pibas’”.

A su lado está Martina, su hija, de 10 años, que también quiso acercarse a despedir al Indio. “Es muy importante estar acá. Cuando me enteré de que murió, me puse a llorar. No puedo creer que haya muerto una leyenda”, dice la niña.

“Más allá de las diferencias, hoy estamos todos juntos”

“Marcó muchísimas generaciones, y no solamente con sus canciones. Es muy importante estar hoy acá. Más allá de las diferencias políticas o de cualquier otro tipo, hoy estamos todos juntos para recordar y celebrar los momentos que nos dejó”, explica Tobías Mesa, de 25 años. Nunca vio en vivo al Indio, al igual que muchos de los jóvenes de su generación que hoy se congregan en la plaza.

La última presentación de Solari en vivo fue en Olavarría, el 11 de marzo de 2017, un año después de revelar que tenía parkinson. El recital congregó amás de 200.000 personas y tuvo un final trágico: murieron dos personas.

Entre los cientos de miles de seguidores que presenciaron ese último show, estuvo Sebastián Rodríguez, de 50 años, quien hoy se acercó a Plaza de Mayo junto a su familia. Trae puesta la misma gorra que compró ese día en Olavarría.

“Los que crecimos con el Indio sabíamos que ese iba a ser el último recital, porque su salud ya no le permitía subirse al escenario. Ya lo palpitábamos, lo entendíamos”, dice, y suma: “A él no le gustaba ser viejo. No se iba a mostrar como estaba. Nosotros lo hubiéramos visto igual y lo hubiéramos disfrutado”.

“No tienen explicación”

Rodríguez llegó desde General Rodríguez junto a su esposa, Andrea Borletti, de 60 años, y su hija. “Hoy se va, hoy se muere una gran parte del rock argentino. Como pasó con Diego. Son expresiones populares en la Argentina que pueden gustar o no. Puede ser de otro palo, de otra música, de otro partido político, de River o de Boca, pero las expresiones populares no tienen explicación. Son sentimientos”, explica.

“Las expresiones populares son así, son masivas -suma-. La gente sale a la calle espontáneamente. Acá nadie nos convoca, nadie nos adoctrina. Agarramos la camioneta y nos vinimos. Allá arriba debe estar con Diego y con todos los ídolos. Deben estar brindando con un buen whisky”.

“Se me estruja el corazón”

“Me enteré esta mañana en el trabajo. Dejé todo. Después veré cómo lo arreglo, pero no podía seguir trabajando. Quería llegar a mi casa, agarrar mis cosas, mi bandera y venir para acá. Por lo menos acá siento que algo de él sigue entre todos nosotros, en cada bandera”, explica Yasmin Estefanía, de 32 años.

“Hoy la verdad es que todos nos sentimos medio huérfanos. Algo nos falta. El Indio primero fue mi niñez, mi infancia, gracias a mi papá, que me hizo escuchar a los Redondos. Después, cuando apareció YouTube e internet, seguí sola. Estuvo en los momentos más depresivos de mi vida”, dice.

Y agrega: “Hay un tema de El ruiseñor, el amor y la muerte cuya parte final dice: ‘El dolor más puro fue el de haber sido tan feliz’. Sinceramente, no tiene explicación lo que siento cuando escucho eso. Es una sensación. Se me estruja el corazón”.