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Actualidad · 3 jun 2026, 6:57 p. m.

El hombre de hielo no está “inerte”: hallan bacterias vivas y microbios de hace 5000 años

Un estudio analizó durante más de tres décadas la momia de Ötzi y detectó microorganismos antiguos, otros del ambiente glaciar y algunos incorporados en su conservación

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Ötzi, el hombre de hielo, murió de forma violenta hace unos 5300 años en la región alpina situada en la actual frontera entre Italia y Austria. Tenía una punta de flecha clavada en el hombro izquierdo, que le provocó una hemorragia mortal tras un ataque en terreno montañoso. Sin embargo, en cierto sentido, Ötzi sigue “vivo”, según muestran nuevas investigaciones.

Los científicos realizaron el análisis más exhaustivo hasta el momento del paisaje microbiano de la momia, con el detalle de bacterias, hongos y levaduras en múltiples tejidos relevados a lo largo de más de tres décadas. Ötzi, conservado tras milenios sepultado en condiciones glaciales, fue descubierto en 1991 y es la momia natural más antigua conocida de Europa.

Los investigadores identificaron tres mundos microbianos distintos dentro y sobre el cuerpo. Por un lado, bacterias intestinales antiguas que formaban parte de su microbioma en vida; por otro, microorganismos adaptados al frío provenientes del entorno glaciar donde permaneció el cuerpo; y, finalmente, microbios modernos introducidos durante los años de conservación en el museo.

“​​Nuestro estudio muestra que Ötzi no es una reliquia estática ni biológicamente inerte, sino un ecosistema dinámico”, afirmó el microbiólogo Mohamed Sarhan, del Instituto de Estudios sobre Momias de Eurac Research, en Bolzano (Italia), y autor principal del trabajo publicado en la revista Microbiome.

“Su cuerpo alberga organismos vivos y metabólicamente activos que responden a su entorno. Las levaduras adaptadas al frío están creciendo. Algunas bacterias se han colonizado y persistieron en los tejidos durante décadas”, explicó Sarhan. Y agregó: “La momia es, en cierto sentido, una interfaz biológica viva: un punto de encuentro entre el mundo antiguo y el presente, donde microbios de hace 5000 años conviven con organismos que llegaron en las últimas décadas”.

Según el investigador, las bacterias antiguas representan una oportunidad única para conocer el ecosistema intestinal de un ser humano de la Edad del Cobre, previo a los cambios generados por la industrialización, los antibióticos y los alimentos procesados. A la vez, desde la conservación, el hallazgo de levaduras adaptadas al frío que se mantienen activas en Ötzi —preservado a −6 °C en el Museo Arqueológico del Tirol del Sur para replicar las condiciones glaciales— abre interrogantes sobre la preservación a largo plazo.

Entre los microbios hallados en el intestino que datan de su época aparecen bacterias asociadas a dietas preindustriales ricas en fibra, hoy poco frecuentes en poblaciones occidentales.

“Su desaparición probablemente esté vinculada con cambios en la dieta, el uso de antibióticos y menor contacto con entornos naturales. Ötzi nos muestra, en esencia, lo que hemos perdido y, potencialmente, lo que podría recuperarse por razones de salud”, señaló Sarhan.

¿Esos microorganismos siguen activos? “Es una de las preguntas más interesantes”, indicó. “Presentan daños en el ADN compatibles con miles de años de degradación química, lo que confirma su antigüedad. Sin embargo, no podemos determinar completamente si las células conservan actividad metabólica solo a partir del ADN. Sí sabemos que se preservaron de manera notable en el ambiente anaeróbico del tracto intestinal durante más de 5000 años”.

Investigaciones previas sobre el contenido estomacal de Ötzi revelaron sus últimas comidas: carne de ciervo y cabra, además de trigo. Otros estudios determinaron que tenía unos 45 años al morir —una edad avanzada para la época— y que presentaba buen estado físico.

Vestía prendas confeccionadas con pieles de distintas especies animales y portaba herramientas como un hacha de cobre, un arco largo con flechas, un carcaj, una daga de sílex y una mochila. También tenía tatuajes geométricos en distintas partes del cuerpo.

“Es un visitante que nos aporta información valiosa sobre el pasado”, afirmó el microbiólogo y coautor del estudio Frank Maixner, director del Instituto de Estudios sobre Momias de Eurac.

Con información de Reuters