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“Chile tiene más graduados universitarios porque se reciben más y mejores alumnos secundarios”

Actualidad · 18 oct 2026, 3:25 a. m.

“Chile tiene más graduados universitarios porque se reciben más y mejores alumnos secundarios”

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El especialista en financiamiento educativo pone el foco en la pérdida de calidad en la instrucción de nivel medio como un factor que complejiza aún más la crisis universitaria;...

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En esta edición, La Repregunta no se publicará en formato video.

“Hay mucho para mejorar en la universidad pública, pero el problema principal es la escuela secundaria”, afirma. “Está claro que los alumnos terminan el secundario sin los conocimientos que se requieren para proseguir sus estudios superiores”, subraya. “La universidad lo que hace es esto: es decirle al alumno que en estas condiciones, le da una mano y que probablemente no le alcance, pero no le quiere poner un peaje antes de entrar porque el alumno es una víctima del sistema. La universidad les da una oportunidad que pocos pueden sortear”, reconoce. “Lo único que no puede resignar la universidad es la exigencia”, concluye.

El especialista en financiamiento universitario Juan Ignacio Doberti estuvo en La Repregunta. Doberti es Doctor en Ciencias Económicas por la UBA y Master in Public Administration por Columbia University. Es autor de Las políticas universitarias y sus financiamientos en perspectiva histórica. De las dictaduras a la democracia. Período 1966-2023.

Aquí, algunos pasajes destacados de la entrevista.

-El debate de coyuntura es el tema salarial y los gastos operativos de la universidad, pero más allá de eso, sigue pendiente el replanteo de algunas vacas sagradas del sistema universitario y cómo se podría mejorar la universidad pública. Las universidades se sostienen con las transferencias que hace el Estado nacional. ¿Cómo se definen los gastos operativos para cada universidad?

-Tiene más de un componente. El principal componente es el inercial. Detrás del presupuesto del año actual, siempre vas a saber el presupuesto del año anterior. Se miran los docentes del año anterior y los alumnos. Los alumnos que no se reciben y no desertaron, van a figurar en las mismas carreras. En todo el mundo, el primer componente en todo el sistema educativo es la inercia. El segundo son las modificaciones. En el caso argentino, esto empezó en los 90. Había un modelo de pautas presupuestarias: se partía de indicadores. Se financiaba en función de las necesidades diferenciales de las universidades, con más recursos a aquellas sub financiadas y menos aquellas sobre financiadas.

-¿Cuáles eran los indicadores?

-Alumnos por carreras; economía de escala, es decir, las universidades más grandes requieren menos recursos; costo diferencial de las carreras, porque es muy diferente agronomía que derecho; las plantas de personal y su racionalidad y algunos indicadores de rendimiento, por ejemplo, la cantidad de materias aprobadas en promedio por alumno. De todas formas, es casi inevitable: las estadísticas van a ser malas.

-¿Por qué?

-Por tres factores. Las evaluaciones de calidad de la educación básica, primaria y sobre todo de escuela media, dan muy mal. Es falsa la idea de que se puede recuperar lo que no se hizo en los doce años de educación básica con algunos cursos propedéuticos, CBC o como los quieras llamar. La verdad es que hacés lo que podés. Condiciona muchísimo la eficiencia de la universidad. Por otro lado, están las condiciones sociales: los ingresos familiares de gran parte de la población son espantosos. Y eso también condiciona, más si se eliminan becas a los estudiantes. Es muy difícil el trabajo de la universidad en ese contexto. Además, las universidades sufren un subfinanciamiento bastante importante. En esas condiciones, la única forma de tener indicadores razonables en la universidad es un facilismo que no queremos. Participo de un grupo de estudio donde hay rectores de universidades públicas y privadas. Todos dicen más o menos lo mismo: los ingresantes tienen muchas deficiencias. Por lo tanto, se pueden hacer las cosas mejor, sí. Ahora, aspirar a tener situaciones muy buenas o ideales, me parece una falsedad.

Gratuidad y falta de filtro

-¿Es necesario replantearse otra vaca sagrada del sistema universitario: la gratuidad y la falta de filtro? ¿Habría que replantearse tanto el mecanismo de ingreso como el giro de recursos para cursos que ya no funcionan?

-Todos los países buscan ampliar la cantidad de alumnos de educación superior. Las estadísticas de indicadores de capital humano son contundentes en relación a ingresos, desocupación, aportes fiscales: la posibilidad de estar desempleada baja drásticamente si la persona tiene educación; en promedio, sus ingresos suben drásticamente. Y para los países es un negocio que estos alumnos estudien: tiene un costo, pero con un repago altísimo.

-Brasil tiene un sistema distinto al argentino: las universidades públicas son de élite y absorben al 20 por ciento de la matrícula universitaria, pero tiene cupos y becas para los sectores de menores recursos, todos mostrando mérito académico. ¿No es mejor que el sistema argentino, en términos de la capacidad de sostén desde el Estado y en términos del impacto en el PBI?

-Si es mejor o peor, depende de las preferencias. No hay una respuesta técnica a eso. Hay gente le gusta más, hay gente que le gusta menos.

-Pero no solo juegan las preferencias. También depende del equilibrio fiscal: la Argentina tiene problemas para financiar el sistema. La expansión es todavía más difícil.

-Desde el equilibrio fiscal, por supuesto: todo gasto agrega más presión. Ahora, ¿ésa es la sociedad y el Estado de bienestar al que aspiramos? No es cierto que el sistema universitario, y hasta diría el sistema educativo en general, está afectando al superávit fiscal. Si miramos las cuentas nacionales y cuánto pesa la función educación en el presupuesto nacional, es bajo. El juez (N. de R.: Martín Cormick, juez de primera instancia que lleva la causa por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Educativo) dice que no hay una cuestión de orden público que le impida al Gobierno cumplir con la Ley: no lleva al caos social. El cumplimiento de la ley cuesta un 0,23 por ciento del PBI: no genera un desborde de gasto público. Yo digo: ¿por qué no tratamos de hacer lo que hacen los buenos ejemplos, los países más desarrollados o que van en vías de desarrollo, a los que les va bien? ¿Por qué no copiamos el porcentaje del PBI que gasta Chile, por ejemplo?

-La Argentina gasta entre 0,4 y 0,5 puntos del PBI en transferencias del Estado nacional a las universidades. En Chile, el 0,8 por ciento corresponde a lo estatal. En Brasil, el 0,7 por ciento. Está claro que la Argentina gasta menos en el sistema universitario.

-La mitad que en Chile. Si la Argentina gastara el doble, como Chile, podría financiar eso sin problema. Hay mucho por mejorar en las universidades, pero el factor principal es la escuela secundaria. ¿Por qué Chile tiene más graduados? El factor principal es que gradúa mucho más estudiantes secundarios en proporción a su población, pero además saben mucho más, tal como lo muestran las evaluaciones de calidad de aprendizajes. Además de eso, hay que tener un mejor sistema universitario. No quiero dar una mirada condescendiente sobre la universidad: hay mucho para trabajar. De hecho, el sistema universitario había planteado siete puntos de mejora, las nuevas tecnologías, la internacionalización, los sistemas de créditos.

Barajar y dar de nuevo

-El Estado de bienestar argentino no estaría funcionando ni en términos de la eficiencia de la secundaria, de su calidad, ni de la eficiencia de la universidad. ¿No es hora de barajar y dar de nuevo?

-Se puede cambiar. Pero lo que no funciona es pretender un sistema de seguridad a la sueca con un financiamiento inadecuado, porque es vivir una ficción. Hacer elitista al sistema público lo va a hacer más eficiente, pero lo va a hacer mucho más inequitativo; de hecho ya lo hace. Cuando metés un examen de ingreso rigurosísimo, seleccionás a un élite y después tenés tasas buenísimas. Eso implica que el Estado focaliza sus gastos en aquellos que menos lo necesitan: ganaste eficiencia, pero a costa de inequidad.

-Un sistema que se dice equitativo como el de la universidad pública argentina porque no pone barreras de ingreso, pero defrauda a los alumnos en el primer cuatrimestre del CBC, no parece muy equitativo. ¿No es una ficción de equidad?

-Evidentemente hay un problema de inequidad muy grave. En términos agregados, a los del mayor quintil, les va bien, no tienen que ir a trabajar, tienen una cultura en el hogar, tradiciones profesionales, los padres los pueden ayudar, les pueden poner profesores particulares, etcétera. Frente a eso, hay que concentrar los recursos en aquellos con más dificultades con becas, con tutorías, etcétera.

-Mi pregunta es: ¿los recursos del Estado nacional que se aplican a cursos propedéuticos que fracasan podrían usarse mejor para apoyar mejor a alumnos vulnerables con posibilidades de sostener la carrera? El CBC es un filtro endógeno, dentro de la universidad. ¿Por qué no plantear una reasignación de recursos más eficientes que beneficien también a esos chicos que quieren estudiar?

-Podrían aumentarse las becas, pero es lo contrario de lo que está pasando. Pero hay algo de difícil solución: el déficit de la educación primaria y media afecta a la educación superior. Ahora, hay que tener mejor orientación vocacional, hay que diseñar trayectos universitarios para que los alumnos no desperdicien lo que logran. Estoy muy lejos de creer que la universidad no tiene espacios de mejoras.

“No se puede permitir gastar en ninguna ineficiencia, pero tampoco tiene sentido desfinanciar”

-¿Estaría de acuerdo con algo que plantea el gobierno, un examen de finalización del secundario que sirva como señal para el estudiante de cuán preparado está para encarar el esfuerzo educativo de la universidad?

-En principio, podría no estar mal que haya un examen y exigencias que den información. Pero la sospecha que tenemos es que es un eufemismo en el sentido de que el Gobierno, en realidad, quiere un examen de ingreso a las universidades estatales. Esto derivaría en que mucha gente no podría ingresar, entonces debería ir a las privadas como en el modelo brasileño. En ese caso, la posibilidad de continuar o no sus estudios dependería de su capacidad adquisitiva. Ahora, en principio, tener un examen podría estar bien: no está mal examinar. Pero si ese examen no determina nada, ¿cuál sería el objetivo?

-¿Un objetivo posible es ahorrarle tiempo al estudiante? Lo que hay hoy es un sistema engañoso: ¿es más una puesta en escena de igualdad? En realidad la falta de equidad se termina concretando en el primer cuatrimestre o al final del primer año de CBC.

-Coincido en que hay un componente de puesta en escena en el sentido que el secundario está certificando una serie de saberes que en realidad no está proveyendo. Está claro que los alumnos terminan el secundario sin los conocimientos que se requieren para proseguir sus estudios superiores.

-Pero no es la única puesta en escena. ¿No hay también una puesta en escena en el discurso de la universidad pública y gratuita y de acceso libre cuando en realidad esos estudiantes ingresan y a los pocos meses ya quedan excluidos? Se dice que se les da la oportunidad, pero en realidad nunca la tuvieron. ¿Cómo desmontar la puesta en escena de equidad de la universidad pública, gratuita y sin selección?

-Tenemos que hacer las cosas bien; hacer las cosas bien es dar un secundario que provea los elementos.

Cambios posibles hoy

-Hace treinta años que el secundario tiene estos problemas. Va a pasar tiempo hasta lograr ese cambio. ¿Qué puede hacer la universidad hoy?

-La universidad no va a poder solucionar el problema del secundario. La universidad lo que hace es esto: es decirle al alumno que, en estas condiciones, le da una mano y que probablemente no le alcance, pero no le quiere poner un peaje antes de entrar porque el alumno es una víctima del sistema. Le da una mano, pero no la mano que necesita porque si no, tendría que gastar todo el presupuesto en hacer un secundario bis

-¿No es victimizar dos veces al alumno, primero con un secundario que no le cumple y, después, con una universidad que los engaña permitiéndole algo que no cumple tampoco?

-La universidad les da una oportunidad que pocos pueden sortear. Philip Altbach (N. de R.: reconocido especialista en educación, doctor en Educación Comparada por la Universidad de Chicago) escribió un paper titulado “La supervivencia del más apto en la UBA”. Planteaba que la UBA lo que hace es certificar bien los saberes. La mayoría de los graduados de la UBA son muy buenos graduados, pero la mayoría se quedan en el camino. Pero no hay manera de que la UBA haga un secundario bis.

-Por eso: ¿habría que abandonar la pretensión de que el CBC reemplace o compense el secundario? Sincerar que el Estado está poniendo recursos en una puesta en escena que no da sus frutos.

-Es bastante razonable. Lo que pasa es que la otra solución es decir: “Mirá, como aquel no te dio los conocimientos, acá no te dejo entrar”. Y la verdad es que eso es bastante cruel. En este caso, decir: " Te doy una mano para que lo intentes, pero lo van a lograr pocos”.

-Pero el mensaje no es ese. El mensaje es: “Vengan, que la universidad es pública, de libre acceso, es gratuita y es un derecho”, pero después quedan afuera en el primer cuatrimestre. Es una enorme decepción.

-Y sí, porque se enfrentan a la realidad, y no me parece que esté mal: lo único que no puede resignar la universidad es la exigencia, porque en la Argentina, a diferencia de otros países, los títulos son habilitantes. Entonces se les da una oportunidad más, pero una oportunidad en condiciones complicadísimas. Si el problema lo tenemos en la educación básica, no busquemos que lo solucionen otras instancias. Sincerar eso y no dejarlos participar, desde el punto de vista de la eficiencia, no tengo dudas de que sería más eficiente. Ahora, también sería cruel decirles: porque te estafaron la secundaria, yo no te dejo entrar a la universidad. ¿Dónde pongo el peaje? ¿Lo pongo antes de la entrada o lo pongo después de la entrada? Es un debate muy complicado.

-Usted plantea el problema de la secundaria, pero nadie marcha ni por la escuela secundaria ni por la primaria, las que más han sufrido el recorte educativo. ¿La preocupación por la secundaria es otra puesta en escena?

-Coincido con que la demanda universitaria no se puede agotar en la demanda universitaria. Debe ser una demanda educativa en general. Pero la idea de que el financiamiento universitario compite con el financiamiento de los niveles inferiores no tiene sentido; la demanda es común. Por otro lado, los establecimientos universitarios también tienen niveles preuniversitarios. La solución es común, es hacer lo que hacen los países más desarrollados, que es gastar una cantidad razonable. No se puede permitir gastar en ninguna ineficiencia, pero tampoco se tiene sentido desfinanciar. La universidad como institución conservadora tiene un problema muy grande y, en general, es muy consciente. Ahora, yo veo una una agenda anti intelectual en general y antiuniversidad en particular.

-El Gobierno hace una análisis realmente polarizado y simplificado, que termina produciendo un efecto de cerramiento de la discusión universitaria.

-Gran parte de la animadversión entre la universidad y el Gobierno está dada incluso hasta por el tipo de ajuste. Yo estudié los presupuestos desde 1966 a 2023. Hubo cuatro períodos con ajustes de este nivel. El primero, 1976, después del Rodrigazo, cuando asume la dictadura militar. En 1982, todo para el esfuerzo bélico. En 1989, con hiperinflación. En 2001, con la crisis y la recesión. En todos esos casos lo que el gobierno decía era: “No puedo darte más presupuesto. Ahora el discurso no es: “No quiero darte más presupuesto”. Es un cambio enorme. Es muy difícil incentivar ganancias de eficiencia con alguien que me quiere perjudicar, que dice que soy la casta, que soy una asociación ilícita: es muy difícil construir desde ese lugar. Genera reacciones en sentido inverso, abroquelamiento, confrontación.