Actualidad · 18 jun 2026, 2:59 a. m.
Caída de la natalidad: un dato alentador sobre las vacantes en el nivel inicial y la advertencia de desafíos pendientes
Un estudio de Argentinos por la Educación estima que habrá suficientes lugares en jardín de infantes para todos los niños en el país; pero eso, dicen los especialistas, no alcanza
La caída de la natalidad es una realidad en la Argentina. Sin embargo, su impacto no es completamente negativo, tal como vienen aclarando los especialistas, sino que también ofrece una ventana de oportunidad. Como consecuencia directa del descenso de los nacimientos, sin necesidad de invertir en nuevas instalaciones el sistema educativo argentino tendría capacidad suficiente para ofrecer vacantes para la educación inicial a todos los niños del país, desde los 3 años.
Según estas estimaciones, que surgen de un informe que presentó Argentinos por la Educación, a partir del año que viene se podría alcanzar una cobertura cercana al 100% en el jardín de infantes, sin construir en más salas. Sin embargo, la oferta de vacantes, es decir que esas vacantes existan, no garantiza de forma automática el aumento de la cobertura de la escolarización temprana. En cambio, los especialistas instan a no desinvertir en estos años en educación, aunque se achique la población de alumnos, si se quieren maximizar los alcances del famoso bono demográfico que el país transitará debido a la caída de los nacimientos.
Con ese bono demográfico, la Argentina tendría la oportunidad de que sus números macro mejoren. Al disminuir la cantidad de niños, bajará la tasa de dependencia: temporariamente habrá más personas en edad activa. Y sin hacer mucho la situación económica del país debería mejorar. Paralelamente, en educación, sin tener que invertir más, simplemente sin desinvertir, se puede lograr mayor cobertura y aumentar las competencias de esos niños. Porque el bono es temporal, advierten, de modo que si no se realiza inversión puede volverse en contra: en unos años, esos niños de la generación que decrece serán adultos, habrá menos personas activas que deberán sostener a los que se retiraron del mercado laboral y a los que todavía no ingresaron. Si no se consigue que los activos sean tres veces más productivos que hoy, la situación será complicada. La ventana de oportunidad se habrá cerrado.
Según se advierte en el informe “Cobertura actual y proyectada para el jardín de infantes”, entre 2016 y 2025, la población de niños de 3 a 5 años cayó un 31%: pasó de 2,25 millones a 1,56 millones. En el mismo período, la matrícula del nivel inicial disminuyó un 12%.
Elaborado por Sebastián Kiguel, de la Universidad de Illinois, junto con María Sol Alzú y Martín Nistal, de Argentinos por la Educación, el estudio analiza la evolución de la cobertura, la matrícula y la oferta educativa en el nivel inicial, junto con las proyecciones demográficas para los próximos años.
La estimación para 2027 parte de un escenario en el que la cantidad de vacantes del nivel inicial se mantiene constante y la capacidad instalada se utiliza plenamente. Bajo estos supuestos, una reorganización de los recursos actuales permitiría que la cobertura nacional en las salas de 3 a 5 años pase del 87% actual a acercarse al 100% en la mayoría de las provincias el año que viene.
En 18 de las 24 provincias la infraestructura disponible alcanzaría, concluyen los especialistas, para ofrecer vacantes a todos los niños en esa franja etaria. Sin embargo, alertan que la existencia de vacantes no garantiza por sí misma una mayor asistencia. Por un lado, la distribución territorial de la oferta puede no coincidir con la localización de la población objetivo. Por otro, existe el desafío de convocar a los niños y niñas al sistema educativo y fortalecer la calidad de las experiencias educativas.
“La educación de nivel inicial sienta las bases del desarrollo futuro. Sabemos que la educación temprana de calidad tiene impactos duraderos y puede cambiar vidas. Es una inversión con muy buen retorno y una manera efectiva de reducir las desigualdades tempranas. Sin embargo, el acceso a este nivel educativo ha sido limitado y desigual en la Argentina”, afirma Kiguel. Y destaca “el progreso dispar entre provincias en la última década, reflejado en los aumentos de la cobertura y la escolarización de niñas y niños de 3 a 5 años”.
El informe cita proyecciones del Indec que indican que la caída de la natalidad continuará durante los próximos años. Estima que la población del nivel inicial se reducirá un 16% adicional hasta 2030, hasta ubicarse en torno a 1,31 millones de niños. Esto significa que habrá cerca de 250.000 niños menos en edad de asistir al nivel inicial.
Actualmente, la cobertura del nivel inicial presenta diferencias importantes. Mientras que la sala de 5 años está casi universalizada, con una tasa neta de escolarización del 99%, la sala de 4 alcanza el 87%. En cambio, la sala de 3 continúa siendo el principal desafío pendiente: solo el 58% de los niños de esa edad asiste al sistema educativo formal. Cabe aclarar que en la Argentina la educación obligatoria se inicia a los 4 años, y que existen los Centros de Primera Infancia (CPI) y otras ofertas por fuera del área de cobertura de los ministerios de educación.
Las diferencias entre jurisdicciones son especialmente marcadas en la sala de 3. Las provincias de Buenos Aires y La Rioja lideran la cobertura con cifras superiores al 70%, mientras que Corrientes, Misiones y Formosa no alcanzan el 30%. En la sala de 4 años, la cobertura oscila entre valores superiores al 90% en provincias como La Pampa, San Luis, Córdoba, Chubut y San Juan, y niveles inferiores al 80% en Tierra del Fuego, Salta y Formosa.
La cobertura del nivel inicial creció de manera sostenida durante la última década. Entre 2016 y 2025, la tasa neta de escolarización de la sala de 3 años aumentó 18% a nivel nacional. En el mismo período, la sala de 4 años avanzó tres puntos porcentuales y la sala de 5 años creció 1 punto porcentual.
Los mayores incrementos en sala de 3 se registraron en San Juan (49%), La Pampa (48%), Córdoba (39%), San Luis (35%), Neuquén (34%) y Tucumán (33%). Los datos muestran que buena parte de la expansión reciente del nivel inicial se concentró en las edades más tempranas, donde históricamente existían mayores déficits de acceso.
Este crecimiento de la cobertura se explica no solo por una menor demanda educativa (menos niños), sino también por la expansión de la oferta (más salas). Entre 2016 y 2025, 19 de las 24 jurisdicciones aumentaron la cantidad de salas del nivel inicial. A nivel nacional, las secciones de sala de 3 años crecieron un 28%, mientras que las de sala de 4 y 5 disminuyeron un 5% y un 7%, respectivamente.
El desafío
Los autores del informe apuntan que el desafío actual no se limita a seguir ampliando la cobertura: la evidencia internacional muestra que los beneficios de la educación temprana dependen tanto del acceso como de la calidad de las experiencias educativas. Por eso, sostienen que la expansión del nivel inicial debe ir acompañada por mejoras en aspectos como la formación docente y las condiciones de enseñanza.
“Hay dos desafíos que siguen presentes: por un lado, la cobertura aún no es universal y seguramente no lo será en forma automática, ya que la oferta no siempre se ajusta exactamente a las necesidades en cada espacio geográfico. Por el otro, una mayor cobertura no es garantía de educación de calidad, por lo que parece fundamental que el foco de las autoridades en los próximos años se dirija a este desafío: el mejoramiento de los resultados educativos para los niños que asisten a las escuelas de educación inicial en nuestro país”, afirma Rafael Rofman, investigador principal del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).
“El informe pone de manifiesto que la situación en las provincias es bien dispar, tanto en el nivel de cobertura como en su evolución en los últimos años. En algunas provincias se produjo un aumento de la oferta tanto privada como pública. En otras se observa una expansión considerable en la oferta pública y una caída en la oferta privada. En un tercer grupo, conformado por la ciudad de Buenos Aires y Chubut, hubo una caída en las secciones de jardín de infantes tanto del sector público como del sector privado. Por último, el cuarto grupo es el de las provincias donde se expandió la oferta privada y se retrajo la oferta pública (Tierra del Fuego y Santa Cruz). La situación que enfrentan las familias en cada uno de estos grupos es claramente diferente”, analiza Cecilia Adrogué, investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la Universidad de San Andrés.
“La disminución de la matrícula por la caída de la natalidad requiere de planificación para intervenir y dar lugar a demandas aún insatisfechas. Por ejemplo: el trabajo en pareja pedagógica, el estado de los edificios y sus instalaciones, las condiciones laborales de las y los educadores y su formación continua, la cobertura en zonas donde aún falta oferta de vacantes, la ampliación hacia edades más tempranas cuya cobertura sigue siendo principalmente privada, la extensión horaria y la universalización de la sala de 3. Garantizar el derecho a la educación es mucho más que asegurar el acceso a una vacante: es priorizar que las experiencias que niños y niñas reciben en las escuelas infantiles sean enriquecedoras y potenciadoras de su desarrollo y bienestar”, señala Rut Kuitca, especialista en educación de la primera infancia y miembro de la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP Argentina).
“La caída de la natalidad impactará primero y con mayor intensidad en el nivel inicial, pero también abre una oportunidad para mejorar el acceso, la equidad y la calidad educativa. La educación inicial es un derecho y tiene efectos positivos sobre las trayectorias escolares y otros resultados sociales. Por eso, la expansión de la cobertura debe ir acompañada de una fuerte inversión en formación docente y en diseños curriculares específicos, especialmente para la sala de 3 años. Además, es necesario debatir cuestiones como la obligatoriedad, que la evidencia asocia con mayores niveles de asistencia, y la articulación de la educación temprana con políticas que favorezcan la participación laboral femenina”, plantea María Laura Alzua, profesora de la Universidad Nacional de La Plata y subdirectora del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas).